martes, 25 de junio de 2013

CAPÍTULO 3: PAPEL PATERNAL.

•Narra Zayn.
-¡Zayn Malik! ¡¿Quieres hacer el favor de levantarte?!-gritaba, desde el otro lado de la puerta, mi madre siendo ésta la novena vez que lo hacía en toda la mañana.
Me removí entre las sábanas, mientras me desperezaba y abría lentamente los ojos. Una oleada de dolor invadió toda mi zona craneal, como si me la estuvieran martilleando. Me llevé las manos a la cabeza, intentando recordar algo de anoche. Nada. Se me era imposible, ya que me había pasado bebiendo. Y ahora tenía que hacer frente a una dolorosa, y despreciable resaca.
-¡Zayn, por favor! ¡Sophie llegará tarde al colegio! ¡Y te dije que hoy tendrías que llevarla tú!-volvió a sonar la voz de mi madre por toda la habitación.
Un gruñido salió de mis labios. Me había olvidado completamente de Sophie, y mi cuerpo no se encontraba ahora con ganas de andar durante 15 minutos. Me levanté, rápidamente, y comencé a vestirme mientras buscaba algo de dinero entre los bolsillos de mi cazadora. Nada. No había nada. ¿Me lo habría gastado todo anoche?
La puerta de la habitación se abrió, dejando al descubierto un dulce y angelical rostro. Sus ojos color miel se encontraban más vivos que nunca.
-Papi, ¿estás listo?-dijo con su melosa voz, mientras se quedaba en el umbral de la puerta.
Sonreí como un tonto enamorado, y sus palabras bastaron para quitarme toda la resaca que estaba pasando. Me acerqué hasta ella, y la alcé al aire mientras le hacía cosquillas.
-Para, para.-me exigía, mientras su melodiosa risa invadía los conductos auditivos de mis oídos. Su risa era, exactamente, igual que la de su madre. Escucharla me hacía sentir que su alma aun continuaba aquí, junto a nosotros.
-Vámonos, pequeñaja.-le dije, dejándola sobre el piso y revolviendo su achocolatado cabello. Una sonrisilla maliciosa se hizo presente en la comisura de sus labios.
La seguí a través del largo pasillo, mientras me colocaba la cazadora y cogía el paquete de tabaco –que se encontraba sobre la mesita-.
-Que tengas un buen día, cariño.-apareció mi madre, mientras se acercaba hasta Sophie y le plantaba un cálido beso en su rosada mejilla.
-Gracias, abu. Tú también.-dijo ésta, mientras se ponía de puntillas y alzaba su rostro para imitar la acción de mi madre. Me despedí de ella con un ademán, y salimos por la puerta.
El cielo se encontraba despejado, y una pequeña brisa se hacía presente en las copas más altas de los árboles. Era extraño no sentir ese gélido frío cada vez que caminabas por las calles del barrio. Sin duda la primavera se estaba adelantando. Sophie se colgó la mochila sobre los hombros, y entrelazó sus dedos en los míos mientras caminábamos calle abajo. Ese gesto tan dulce de su parte, me estremeció por dentro y no pude evitar desviar la mirada a ella.
-¿Por qué sonríes, papi?-sus palabras tintinearon en el aire, y después la brisa primaveral se las llevó.
Sacudí la cabeza, mientras una pequeña carcajada salía –instintivamente- de mis labios.
-Porque estoy loco por ti.-le respondí, en tono chistoso mientras le daba un beso en la mejilla. Ella apretó, fuertemente, sus labios mientras una mueca se hacía presente. Ladeé la cabeza, y pregunté-: ¿Sucedió algo, pequeña princesita?
Ella puso sus brazos en jarra alrededor de su pequeña cintura, intentando parecer mayor.
-Esas cosas no me las tienes que decir a mí.
Me paré en seco ante su contestación, y me arrodillé para estar a su altura.
-¿Y a quien debo, sino, decírselas?-enarqué una ceja, deshaciéndome de las gafas de sol y poniendo mi mirada sobre sus redondos ojos. Aquellos enmarcados por largas pestañas negras.
Ella vaciló durante unos segundos, y después agregó:
-A mamá.-Una oleada de dolor se apoderó de mi pecho al escuchar sus palabras. Ella pareció darse cuenta del cambio repentino en mi rostro. Y añadió-: O alguna chica que te haga reír mucho, como yo.-Negó con la cabeza, y después rectificó.- No, yo no valgo.
Ante aquella acción no pude evitar reírme a carcajadas. Era tan sumamente divertida y graciosa. A ella le molestó que me estuviera riendo a carcajadas, y echó a andar malhumorada hacía el colegio.
-Espera, espera.-corrí tras de ella.
Cuando la alcancé, la cogí en peso y la subí sobre mis hombros mientras corríamos calle abajo. Ella no paraba de reír a carcajadas como la niña pequeña que era, mientras que yo; simplemente me había olvidado de la resaca y disfrutaba del papel paternal que tenía que ejercer.
•Narra _____.
Una más. Tan solo una clase más y saldría de este infierno.
“¿Salir? Tú no irás a ninguna parte. Recuerda que tu vida está programada, y tienes clases extraescolares.” Me recordó mi subconsciente.
-Cállate.-intenté decirlo mentalmente, pero para mi desgracia lo había dicho en voz alta y miles de ojos se clavaban a mi espalda. Tomé una bocanada de aire y cerré la taquilla, para después darme la vuelta y agregar-: ¿Algún problema?
Los ojos que, anteriormente, me miraban extrañados; ahora se encontraban sorprendidos ante mi pregunta.
-El problema eres tú.-intervino esa vocecita odiosa que siempre evitaba encontrarme. 

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